Miguel
El Maestro de todos
Era febrero de 1968 cuando la U de A inició su trasladó a la sede actual, y los hermanos Valencia García, como muchos de los 750.000 habitantes de Medellín que buscaban empleo, pero empleo no había, crearon la frase “a rebuscarnos pues”: eso le dijo Marta a Miguel al escuchar en Clarín (un radio periódico popular) que la Universidad (cuyas facultades estaban regadas por toda la ciudad) en marzo iniciaría su trasteo para la ciudadela que recién se construyó en jurisdicción de El Chagualo y Sevilla, barrios del Centro. Y con la mudanza llegaron los Valencia García a ofrecer la prensa local como El Colombiano, El Correo y Sucesos Sensacionales (el Q’Hubo de hoy) cerquita de la entrada principal. A partir de entonces, todas las generaciones de egresados (durante 57 años) lo saludaron, conversaron, o una respuesta amable obtuvieron de quien sería la persona más conocida del mundo universitario, Miguel Valencia García, quien ocupó la acera y la malla que cubre el acceso por la calle Barranquilla, sirviéndole ese alambrado de internet al amarrar improvisados tableros, donde con coloridas tizas comunicaba el acontecer del campus, de la ciudad, del país, y el mundo. En su infatigable agendita anotaba los encargos que le hacían de periódicos o revistas de otros lugares. Miguel se convirtió en la primera red social que tuvo la Universidad de Antioquia, pues en sus provisionales cartones (sujetados a la cerca metálica) de todo y a todos informaba. Su escritura valorizó esa esquina sin cuadra. Sin falta, durante más de cinco décadas, allí lo veían y leían cientos de personas que a la de Antioquia ingresaban, así como los pasajeros de los buses de Bello, Copacabana, o Girardota, que, frente al informal noticiero estacionaban para dejar o recoger usuarios, convirtiéndolo en el escritor citadino más leído.

Silencioso llegaba desde Córdoba (barriada del noroccidente) este visionario del Google al mantenernos enterados de lo que estaba ocurriendo. Su gruesa voz inspiraba respeto al doctor con engominado diploma, o al taxista que debajo del puente peatonal (desmontado y trasladado en 2020 a otro sitio de la ciudad) esperaba hacer alguna carrerita. “@Miguel carteles” le llamaba la muchachada actual de estudiantes, y aunque nunca se matriculó fue el alumno más querido al no poner una coma de más o una jota menos en su pulcra caligrafía, resumiendo el contradictorio acontecer humano. A veinte metros de la entrada principal su lacio cabello de canas se tiñó redactando frases que invitaban a creer en el esfuerzo personal para volver realidad lo imaginado. A Miguel lo conocí en 1983 cuando asistimos al Taller de Escritores que Mario Escobar Velásquez (1928 – 2007) dictaba. Al enterarme de su fallecimiento, el sábado 11 de octubre de 2025, recordé las tintiadas compartidas en Tronquitos después de cada clase cuando me decía: “la ambición por la plata nos vuelve miserables”. Su empatía le hizo millonario en amistades porque su único propósito de vida fue servir a quien se le acercara.
11 de octubre de 2025
Imágenes tomadas de El Colombiano
En la entrada de la universidad ya se respiraba ambiente académico.
Que bien Héctor que nos recuerdes a Miguel, aquel gran difusor de las noticias cotidianas en sus improvisados tableros en la U. DE Antioquia. Y me uno a conmemorar la vida de aquel gran personaje de toda la vida en la U.
Miguel, el olvido no podrá contra él. Sigue vivo en la memoria de tantos estudiantes, profesores, empleados y visitantes de la U. de A. Imprescindible presencia en las afueras de la Ciudad Universitaria, en la calle Barranquilla. Tanto hablamos con él, tanto lo saludamos, tanto lo quisimos. Muchas gracias, apreciado Norimaperoesverdad, amigo Héctor Barrientos. Abrazos
“Quienes alguna vez ingresábamos por esa puerta de Barranquilla , nos colocaba un freno esos tableros improvisados del Sr Miguel. Que gran homenaje profesor Barrientos a esos seres maravillosos que hacen parte de la cotidianidad y que muchas veces no valoramos su grandeza “
El comunicador social sin título, ni abolengo; el ser humano que por décadas se convirtió en un referente de lo que en las escuelas de periodismo se debe enseñar, relacionado con el cómo hacer la verdadera reportería popular e independiente.