Falta que haces

¡Y mucha!

 

“Pueblo que no tiene historia no tiene memoria”

Alberto Aguirre Ceballos

(1926 – 2012)

En algún instante volví rutina crearle pausa a mi afán citadino tomándome un tinto en “La Marquesa”, el bar de la carrera Sucre (a treinta y ocho pasos del Camino Real) en el centro del Centro. Y allí lo veía en la mesa de la entrada: solitario, releyendo el libro que compiló (desde 1979 hasta 1984) su vehemente solicitud de acabar con la desigualdad social, la corrupción, la desaparición, la tortura, el hambre, el desempleo, y la injusticia. Y una mañana me arriesgué sin considerar el rechazo como opción.

  • Maestro, ¿me permite compartir un tintico con usted?

Me contó (mientras nos traían otro tinto) que en 1961 editó El Coronel no tiene quien le escriba: “cuando García Márquez era pobre y todo el mundo le sacaba el culo”, y mientras diluía el azúcar continúo. “Ambos coincidimos en el hotel El Prado de Barranquilla en un encuentro de directores de Cine Club. En esas Mercedes, su esposa, lo llamó a la recepción para decirle que les iban a suspender los servicios públicos por falta de pago; requerían $600 para evitar el desastre doméstico. Le propuse publicar el libro para desembalarlo. ¡Eche! Te volviste loco. Si en Colombia nadie lee, me respondió. Le anticipé $ 700, de los $800 acordados. Entonces mandé imprimir en Argentina 2000 ejemplares, vendí 450, regalé a mis amigos que visitaban mi oficina de abogado (en Girardot con Perú) unos 200, a Gabo le envié 150, y el resto, a cincuenta centavos se los vendí como saldo a un revueltero que se los llevó a un pueblo para envolver las legumbres que vendía”. Una genuina carcajada resumió este logro histórico de su intuición de librero, así hubiese perdido dinero, pues para Gabo éste ha sido el mejor libro que haya escrito. En esa tintiada confirmé las enseñanzas de su semanal Cuadro (título de su columna de opinión en el periódico El Mundo) la cual yo leía en la biblioteca de la Universidad Autónoma Latinoamericana. No me la creía, pues estaba conversando, esa mañana, con  el abogado, juez, periodista, escritor, fotógrafo, docente, cronista deportivo, lector insaciable, crítico de quienes hacían mal lo que tenían que hacer bien, editor, fundador de la Federación Colombiana de Tenis de Mesa, del Cine Club de la ciudad, de la Casa de la Cultura de Medellín, defensor de Gonzalo Arango cuando fue encanado en La Ladera por Nadaista, con el dueño de la Librería Aguirre (primero en Maracaibo frente al Opera, y luego en Sucre entre  Maracaibo y Caracas) donde me encarretaba con el libro que no podía adquirir porque Aurita López (su indudable parcera) me lo permitía. Para ella no había clientes sino lectores, y nadie le estorbaba así no comprara.  En “Cuadro” (el titulo del libro nombrado en el cuarto renglón de esta crónica) sus palabras eran verticales porque decían lo que tenían que decir, desnudando todo lo que no es democracia: su corazón peleaba la dignidad ajena cuando los atropellos gubernamentales aparecían. Siempre estuvo al lado de los excluidos, de quienes habitaban la periferia. Entonces ocurrió lo que siempre ocurre en Colombia, el exilio lo expulsó de Medellín porque sus palabras producían rasquiña a las camufladas corbatas. En 1987 llega a Madrid (España) huyéndole al listado de amenazados, sintiendo el congelado frio del expulsado al toparse con otros exilados, dibujando sus nostalgias en la mirada al recordar los memoriales que escribía a los campesinos de El Peñol (oriente antioqueño) para evitar que EPM los engañara ofreciéndoles chichiguas por sus casitas y parcelas, mientras inundaba la represa que borró sus raíces históricas. En 1990 regresó de esa ausencia acumulada para morir en 2012 con su memoria olvidada. Falta que haces, ¡y mucha!, Alberto Aguirre Ceballos, en la Medellín que ha cambiado, pero no en lo que exigías que cambiara. Y mientras te escribo este modesto homenaje, pienso en el instante que revolvías el tinto en esa mesa de bar donde conocí la bondad de un hombre humano, demasiado humano para una ciudad que nada siente porque un billete es el dios de quienes tienen corazón de hormigón al creer que “plata es plata”,  y por la plata todo vale, incluso, justificar la miseria de las diez mil personas que duermen en la calle porque esa población indigente llena los bolsillos de quienes se toman fotos con ellos cuando se aproximan las elecciones.  Falta que haces, ¡y mucha!, Alberto Aguirre Ceballos, para no maquillar el idioma cuando hay que decir lo que se tiene que decir, al reclamar dignidad para todos.

Mayo 8 de 2025

 

 

pensamientos de 3 \"FALTA QUE HACES\"

  1. Gracias Héctor una vez más, por sus acertadas crónicas acerca de los personajes históricos que han defendido la dignidad humana. En este caso, recordemos la valentía de a Alberto Aguirre, quien arriesga a su pellejo por denunciar los atropellos de los politiqueros de turno en contra de la población.

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