Héroes…

que también parpadean

Angustia, incertidumbre, dolor, inyección, pastillas, silencio, lágrimas,  “¡ay, ay, ay!”, ojeras, camillas, esperanza, “me duele”, silla de ruedas, “Doctor Villegas a la sala de cirugía”, aplausos, urgencias urgentes, batas blancas corriendo, camilleros de prisa, enfermeras relajantes, conductores de ambulancia estresados, ambulancias aullando, anestesia despierta, quirófano listo, diagnóstico leído, calma por ahora, silencio (de nuevo), la cena por los pasillos, camas inclinadas, radiografías, asepsia, preguntas, ninguna respuesta, otra pregunta, mucha fe dice la formula, curación, abrazos, “dios le pague doc”, dice quién se va, otro familiar entra, otro paciente sale, este sonríe, el otro se queja. Todo uniformado: el color, el sabor, la conversación, la farmacia, la fragilidad, la vulnerabilidad, la reflexión, “¿pa’que tanta vanidad? se interroga la viejita, ojos llorosos, trasnochados, esperanzados, livianos, profundos. Aquí es donde debemos entender que la plata no salva, el personal de la salud tampoco, pero prolongan nuestro ratico porque sus almas sienten el drama humano. Son Héroes… que también parpadean.

No son famosos ni tienen fans. Sabemos que existen cuando nos enfermamos. Su salario mensual se retrasa, entonces marchan. Es la profesión que ni la tierra tapa porque con vidas trabajan. Les culpan, amenazan, golpean, agreden, insultan y matan cuando algo falla. Son mortales, no mecánicos que repuestos cambian. Sacrifican sus familias, interrumpen el sueño, no tienen reloj porque en cualquier momento el jefe les llama. En casa alguien les esperaba, pero en el hospital una bacteria contagia. Para estos profesionales no hubo pandemia, si no salían de casa la autoridad los sancionaba.

Tienen sentimientos, no son de lata. Tienen nombre y alma. Son hijos, madres, papás, hermanos, sobrinas, tios, comen, duermen, celebran, cumplen años, sonríen, se lavan los dientes, se enamoran, se desenamoran, beben tequila, comen hamburguesa, empanada o chicharrón, besan, miman, se peinan, se cansan, se rasuran, sufren, viven, bostezan, hacen lo mismo que todos, disfrutan el cuartico de hora que respiramos, hacen el “¡ay! loviu” (en cualquier idioma se siente igual), transpiran, y su corazón también se fractura. Johana, Matías, Sara, Santa, Restrepo, Luis Carlos, Yohan, Maritza, Rodríguez, López, Ernesto, Flor, Aída, John, Patricia, o Michael, no importa en qué lugar de Medellín estén porque son como la Luna, están ahí así las nubes les oculte. Los 2.871.133 habitantes de la ciudad dependemos de los 5.455 médicos, y su equipo de colaborador, quienes alivian nuestra frágil existencia.

Marzo 24 de 2024

 

pensamientos de 2 \"HÉROES…\"

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