El último lugar donde cantó

Gardel en Medellín

El bandoneón se enreda en el recuerdo de los visitantes del Patio del Tango, el restaurante – bar donde todo huele al hijo de Marie Berthe.  En 1962 atendía su clientela en Junín (centro del Centro) y, a partir de 1979 en el barrio Antioquia (suroccidente), muy cerquita de donde el cantor sin nacionalidad definida se hizo leyenda. El gordo Aníbal Moncada, creador de esta bohemia religión, lo llamaba san Romualdo para que no muriera quien perpetuó este género musical: Carlos Gardel. Mientras tanto el olvido olvidaba al Circo Teatro España, el cual fue demolido para permitir la construcción de casas para gente con billetico, hasta ver en la actualidad, que parte de lo que fue, es un parqueadero de autos. Así trata la amnesia al lugar donde se escuchó por última vez en Medellín, la voz del inapagable cantor, la del hijo de Marie Berthe.  Y es que Carlitos (1890 – 1935) como le dicen quienes se santiguan ante las añejas fotos que visten las paredes del Patio del Tango, creó con su tragedia (en el Campo de Aviación de Guayabal, hoy Aeropuerto Olaya Herrera) a esta urbe como la capital mundial del Tango.

La historia – la que escriben quienes ocultan lo que no debemos conocer porque al enterarnos contamos la otra versión – ignora a las mujeres que en 1935 formaban parte de los 160.000 habitantes de la morronga ciudad, las mismas que a escondidas lloraron a este engominado personaje porque para ellos – los historiadores – ellas no tenían emociones ni sentimientos.  Sólo 12.000 personas tuvieron el privilegio de escucharlo durante tres días en el Circo Teatro España  (inaugurado en el barrio Boston en 1910, ocupando  siete mil metros cuadrados del Centro, entre las carreras Girardot y Córdoba, y las calles Caracas y Perú) cuando el 11, 12,  y 13 de junio, de ese año, en su circular gradería multiuso (servía hasta pa’remedio, decían los más viejos) su garganta multiplicó los aplausos de sus seguidores sin imaginar que el 24 de ese impensado mes, moriría el hombre y nacería el mito. Ni Gardel, ni el gordo Aníbal existen físicamente, pero sí quienes se reúnen en este sitio a degustar de las abuelas melodías a pesar que las solapadas costumbres de entonces, miraran de reojo al Tango por ser inmoral, perdón, inmortal.

Diciembre 13 de 2022

 

pensamientos de 2 \"EL ÚLTIMO LUGAR DONDE CANTÓ\"

  1. Y leer Aire de Tango de Manuel Mejía Vallejo, tomändose unos guaros como los compadritos argentinos o los montañeros antioqueños.
    Esto nos recuerda la crónica del maestro Héctor.
    Gracias.

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