El huevo tiene Palo

La 45 con la 44

En 1934 Medellín comenzó a identificar sus calles y carreras con números, y no con los acostumbrados nombres coloniales (con olor a historia prestada) que hemos escuchado desde 1910, cuando se renombró la empedrada urbe para recordar el centenario de la independencia de los españoles;  pero el pueblo – pueblo, es decir, vos y yo; seguimos orientándonos por señas: “si, ahí, en las escalas del  Coltejer nos pillamos” decimos para ubicarnos con la intuición y no con la razón de la orientación. Esa es la única manera que nuestro GPS nos lleva hacia donde debemos llegar. Cualquier chamizo nos sirve para conectarnos con el reconocimiento de un lugar. Y eso, precisamente eso, le ocurrió a lo que llamamos El Huevo.

“¡Haber, haber!, Héctor, Barájamela despacio” me debés estar diciendo.

Pues la forma ovalada de un edificio de apartamentos, y sus incomodos locales comerciales – en la parte baja del mismo – permitió que el voz a voz asociara su nombre con la forma de la estructura, que queda diagonal a la triangular Plazoleta de la carrera 45, El Palo (llamada así para recordar La Batalla de rio Palo, en el Cauca, donde se detuvo el avance español, en su pretensión de llegar al interior del país, un 5 de julio de 1815) con la calle 44, Niquitao (sitio de la batalla ganada a los españoles el 2 de julio de 1813) En esta  edificación vivió durante décadas Aurita López (1933 – 2016) la inspiradora intelectual de deliciosa conversación que tradujo, en la Librería Aguirre, el abrazo permanente entre su clientela y las letras impresas. ¡Cuánta falta hacés Aurita! Recordás cuando desde tu apartamento, en el segundo piso, disfrutabas de la frijolada que en improvisados fogones hacían tus vecinos esperando la llegada de navidad o año nuevo, quienes te deseaban prosperidad mientras disputaban el picaito futbolero que religiosamente programaban en estas fechas.

Este verde huevo de cemento y ladrillo permite que orientemos nuestro radar citadino hacia esa malicia sugestiva que, sin escandalizarnos, nos ubica al decir: “ese Huevo tiene su Palo”. La Plazoleta El Huevo es estrecha, sus 788 metros cuadrados acompañan a seis modestos árboles que transpiran el hollín que dejan los vehículos que pasan y pasan las 24/7 (como dice la gente que hasta las calzas se les caen de tanto simular un inflado estrato) mientras es frecuentada por el rebusque de una centrópoli indolente con el desempleo de quienes la disfrutan, los dueños de tanta carencia, dibujando en sus sonrisas la frialdad de una nevera que no congela.

 

Febrero 11 de 2022

 

pensamientos de 4 \"EL HUEVO TIENE PALO\"

  1. Parece increible que tantas veces caminamos por ahí y siempre miramos para abajo o a termino medio y nos dé dificultad recordar esos sitios que pasamos a paso largo porque el tiempo apremia.

Responder a Hector Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *