Mambrú no le copió
a ninguna batalla, ni guerra.
Treinta sueños que no permitieron estrenar.
¡Claro que las Cuchas tienen razón!, y no estaban locas como las llamó el alcalde que quiso ser, pero no fue. ¡Claro que el colegio tiene razón!, porque sólo en la memoria viven quienes están ausentes. Las plomaceras a todos en el barrio desde febrero de 2002 los sorprendió. Y no bastó que bajo las camas sus habitantes se escondieran, ni que en el colegio los pelaos tras los pupitres se refugiaran. Inesperadamente las alegres charlas en el billar en carambolas de temor se convirtieron al ver tantos hombres armados y camuflados caminando, señalando, y agachados disparando. Qué era para recuperar la seguridad de la Comuna decían acompañados de dudosos colaboradores que hasta el motilado los delataba. Y fue el 21 de mayo de ese año que todo se agravó porque a los residentes se les acusaba de lo que no eran. Su único delito era habitar la 13, la Comuna al occidente de la ciudad, cuyas casas arañan la montaña para no resbalar, al ser construidas tan arriba que las escalas de acceso sus calles son, y, hoy, esas mismas escalas hacen parte de la Medellín turística que extranjeros en procesión visitan para escuchar de los Guías, que, ese día, Mariscal llamó el General esa acción militar y policial. También explican, los mismos Guías, que el 16 y 17 de octubre del 2002, Orión denominó, el mismo General, a la mayor operación bélica en un área urbana del país. Y de ahí en adelante, hasta el 2018, entre exalumnos, egresados, y estudiantes, 30 muchachos y muchachas de la institución educativa Eduardo Santos murieron torturados, o desaparecidos permanecen. Y en el colegio, que lleva el nombre del barrio, desde entonces sus compañeros los extrañan porque en el recreo no se volvieron a escuchar sus festivas carcajadas.

Y para evitar repetir, de nuevo la tragedia, en 2018 al colegio se le ocurrió que la memoria no permite repetir el dolor que, aún, tanto duele. Y había que recordar en cada clase, en todas las clases, de primaria y secundaria, lo que representa el Museo Escolar de la Memoria de la Comuna 13 MEMC13, convirtiendo, así, a esta institución educativa en la primera del país en crear el homenaje permanente, a través del arte, a las víctimas para que el olvido no las olvide. Pero para que no quedase aislado de la clase de educación física, inglés, trigonometría, y las demás materias, algo faltaba, por eso Manuel A López, el rector, consultó a los profesores ¿qué hacer? para integrar el Museo a la rutina académica que exige el Ministerio. Y el profe Ricardo Contreras propuso en 2023 reescribir la canción infantil que a todos nos enseñaron cuando éramos chicos. Mambrú es la canción que invita a los niños a dispararle a otros niños: “Mambrú se fue a la guerra, / que dolor, que dolor, que pena. / Mambrú se fue a la guerra / no sé cuándo vendrá”. Esta canción no tiene un origen inocente porque fue en una guerra que nació, en 1709, en la batalla Malplaquet: John Churchill, un adinerado de Marlborough (histórica ciudad al sur de Inglaterra) quien era el comandante del ejército de ese país, fue el inspirador porque creyeron sus enemigos franceses y españoles que había muerto en ese combate. Entonces para celebrar su deceso, los soldados de ambas Naciones se inventaron la palabra Mambrú porque se les dificultaba pronunciar Marlborough, y, así quedó a pesar que Churchill si murió, pero de viejo. Luego, en 1781, la niñera del hijo de la reina francesa María Antonieta le cantaba Mambrú a Luis José, quien iba a ser el heredero de la monarquía, pero falleció a los siete años. Sin saberlo, esa niñera volvió infantil una canción violenta. Y, para resignificar a Mambrú en la institución educativa Eduardo Santos, y su anexa Pedro J Gómez, se habla de la vida, de los murales que invitan a dialogar, del Hip Hop, del arte que nombra a las víctimas, de la poesía que borra odios, de la inutilidad de la agresión, de decirle NO a las drogas, de rechazar el feminicidio, de lo peligroso que es el bullying escolar, de la importancia de un abrazo, del amor por los animalitos, de Salomón, Napoleón, y Peter, los dos perritos y el gatico adoptados por toda la comunidad educativa, siendo los dos Bulldog francés, los anfitriones del Museo desde cuando llegaron, hace 3 y 4 años, respectivamente, convirtiéndosen en el alma de la sanación al regalar amor, ternura, lealtad, tolerancia, solidaridad, compasión, humildad, bondad, armonía, perdón, y tranquilidad a los 2300 estudiantes, quienes cerca de los dos peluditos leen la Cartilla institucional “No olvidarás”: memorias para construir la paz; enseñándoles a ser humanos, demasiado humanos. Hasta las Cuchas (las Madres Buscadoras de la Escombrera, quienes siguen removiendo la tierra para hallar los huesos de sus hijos entre toneladas de hormigón, allí donde la Unidad de Búsqueda certificó el hallazgo de siete restos al momento de escribir esta crónica) disfrutan de la nueva versión de Mambrú porque conocen cuánto duele el corazón cuando un esposo, un hijo, una hija, una hermana, o un nieto no regresa a casa. Por eso ellas, el colegio, el barrio, y la 13 tienen la certeza que cuando en Colombia se priorice la vida sobre exámenes y algoritmos, tendrá sentido el aula, aprendiendo el niño, o el adolescente, a gestionar la solución sin necesidad de golpear a quien considera su enemigo porque piensa diferente, porque es diferente. En el Eduardo Santos Mambrú no abandona la escuela, pues está convencido que ir a la guerra no tiene sentido, pues el salón de clase alimenta su inteligencia.
25 de mayo de 2026
Mambrú salió de la guerra de. Iván
Mambrú no quiere volver a la guerra, pues mueren los hijos de los pobres , no los de los potentados.
Esta crónica nos invita a no olvidar que Mambru no va más a la guerra donde se asesina a la juventud que piensa diferente. Bueno recordar que en la comuna 13 ha campeando la muerte por órdenes oficiales.