Una foto

me transportó

El verbo desayunar me empujó a El patio (frente a las escalas eléctricas del edificio Coltejer) en la carrera Junín, en todo el ombligo del Centro.  Y mientras esperaba que el mesero trajera el calentao que solicité, observo en una de las paredes la sepia fotografía donde veo niñas uniformadas, mujeres y hombres a pie limpio, que, al trote siguen un carro funerario escoltado por seis vehículos más. Debajo de la imagen leo: “Sepelio en la Carrera Carabobo, hoy Plaza de Botero. Foto: Jorge Obando C.,1936”. Esa foto intranquilizó los frijolitos servidos porque de inmediato activé la preguntadera. ¿Quién sería l@ finad@? ¿Por qué Carabobo y no carebobo? ¿Cuánta gente habitaba la ciudad? ¿Sería problemático el alcalde con traguitos en la cabeza? ¿Qué sentirían quiénes zapatos no tenían al ver otros pies estrenar?: digerí mi versión de aquella época con la siguiente interpretación:

Cuando el rey de España hacía lo que le daba la gana, en la Medellín de los años mil seiscientos; los lambones que aquí enviaba ese rey (que nunca faltan) al camino abierto entre las calles Colombia y Maturín, llamaron El Prado. Luego ese camino se extendió cinco kilómetros más, entonces cuando el rey ya no era rey, en los años mil ochocientos, Carabobo fue rebautizada (por otros lambones) para recordar que, en ese territorio venezolano, el ejército bolivariano en 1813 y 1821 expulsó a los españoles en dos ocasiones. En 1934 (otros lambones) el nombre le volvieron a cambiar y carrera 52 la santiguaron. Pero como lo que me interesa es explicarte el contenido de la foto; Jorge Obando Cardona (1892 – 1982) cuando hizo ¡clic! sabía que sepultarían a alguien que no era ningún pobretón. En ese entonces (ni ahora) a alguien sin zapatos no lo escoltan al cementerio. También conocía don Jorge que a comienzos del siglo veinte, los políticos (siempre los políticos dándose pantalla) quisieron llamar a Carabobo, Paseo Benjamín Herrera, pero el pueblo no les comió cuento y siguieron llamándola como la llamaban. Pero, eso sí, las niñas que aparecen uniformadas en la foto, ignoraban que en ese año los curas comenzaron a censurar las pocas películas que a la rural urbe llegaban, dándole tijeretazos a las cintas cuando un beso se escapaba, una caricia entusiasmaba, o algún brasier se extraviaba. Esa inocencia infantil tampoco se enteró que en 1936 la ciudad tuvo dos alcaldes, los cuales le decían sí a todo lo que la tijera cural decía (Jorge Hernández de enero a junio, y Jaime Restrepo Moreno de junio a diciembre) imponiendo a 167.500 personas (incluyendo a quien llevaban a enterrar) la moral del miedo con el “más allá”, al recitar en latín, y de espaldas a los feligreses, el extraño abecedario que nadie entendía cuando a misa acudían.  Evocando ese ayer (al escribir esta crónica) concluyo que tod@s asistimos al funeral de quién al nuestro no podrá ir. Quizás, al terminar de leer este texto me preguntarás por el desayuno. Pues te diré que ese calentao estaba tan delicioso que al cielo gastronómico me transportó, olvidándome de la cantaleta médica de siempre: “¡pilas con el chicharrón!, en este diciembre”.

Diciembre 8 de 2024

Foto: Jorge Obando C. 1936

pensamientos de 8 \"UNA FOTO\"

  1. » Particular crónica , evocando esas actividades que se desarrollaban años atrás en nuestra ciudad y que hasta a un muerto le sacábamos jugo ( como decimos en buen paisa ). Recordar es vivir mi buen profesor Barrientos.»

  2. Muy buena crónica. Las inquietudes y preguntas que podemos hacernos al reparar los detalles de las fotos del viejo Medellín, nos ponen a recrear el pasado medellinense.

  3. Particular oración que poniendole la tilde a una palabra puede dar la impresión que murió en una riña callejera: «Se pelió en la Carrera Carabobo». Buena crónica y buena foto del Medellín antiguo. Me sorprende que tanta gente adulta caminara descalza

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