Nadie imagina

el inesperado viaje

Esa madrugada (sin sospecharlo) se levantó más temprano. Le supo a motivación el tinto que antes de salir preparaba. Se embadurnó en loción, la que el día anterior había comprado a crédito en el Centro. Al cerrar la puerta estrenó el aire que aún el barrio donde residía, no despertaba. Ocupó, como siempre, el mismo puesto de ese cajón sin alas. Lo que jamás imaginó le ocurrió, que después de utilizar durante más de una década la misma ruta, al ingresar la cabina en la estación del Popular, a una de las pinzas que la sujetaba se le averió un componente. No tuvo oportunidad de preguntarse ¿qué pasó?, como sí lograron responderse los veinte heridos que dejó la caída. Ese hilo transportador es conocido por el sistema Metrocable con una letra, la K, la misma que moviliza a 240.000 habitantes de las comunas 1 y 2 de Medellín: “desde que comenzó, el 7 de agosto de 2004, nunca había fallado”, dijo la doña que atiende su negocito cerca. Esa explosión no se me olvidará porque al barrio aturdió. Fue un miércoles a las cuatro y media de mañana que la canastilla 74 se desgajó ahí, en plena plazoleta”. Testificó la señora mientras atendía a un cliente.

Desde Santo Domingo hasta Acevedo se extiende la trenza metálica que permite volar sobre el cielo nororiental. El hombre de cincuenta y cinco años fue el único que la vida perdió cuando se desplazaba a cumplir con su deber laboral, y, como los once pasajeros que le acompañaban, ese 26 de junio de 2024 le madrugó a la puntualidad. Sus infaltables abrazos de regreso le quedaron esperando, demostrándose – una vez más – que nada debemos aplazar porque cada instante es un encuentro con el que puede ser nuestro inesperado viaje.

Julio 7 de 2024

 

 

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