Aprender

a no olvidar

Había tanta riqueza que la pregunta por su origen se escondió.  Eran los años ochenta, y la Medellín del millón y medio de habitantes, se dejó seducir por las extravagancias de los dueños del dinero: grifos de oro, inodoros acrílicos forrados en dólares, o cualquier esquizofrénica idea que demostrara el poder que el plomo o la plata daban. La ciudad silenció su pobreza para creer en el guion de ficción titulado, “¡Mágico!”. Cualquier vecino se acostaba sin comer y despertaba millonario con sólo chasquear los dedos, y eso era mágico para quienes fantaseaban con lograr lo imposible como conocer al mago mayor, encegueciendo la ética del billete, encandilando todo lo que oliera a sudor laboral. “El Patrón” era admirado y respetado pues daba trabajo, incluso, Medellín cambio de nombre, y “Metrallo” la llamaron, al ver lo que aquí nunca imaginaron: muchachos estrenando las ronroneantes motocicletas Calimatic, las cuales amenazaban con el “brrrum” de su acelerador. Era tal la empeliculada que morir defendiendo al “doctor” era un exclusivo privilegio, al ser su religión y oración. En esta incomprensible atmosfera macondiana quienes le idolatraban también sus víctimas fueron, volviendo hilachas tanta magia.

Esa tarde en las graderías un “ooole” más no cabía, y cuando el aplaudido maltrato animal terminó, los enfarrados asistentes se marcharon celebrando que la blanca arena con sangre torturada su color cambió. De repente, ¡buuum!, y todo en escombros se transformó. Ese sábado la DEA lo perseguía, y en retaliación al Gobierno colombiano (que hacía lo que Estados Unidos le pide que hiciera) a las seis y diez de la noche, debajo del puente de san Juan, que servía de parqueadero a la cita anual de la barbarie con indefensos toros, explotó la tragedia: 27 no sobrevivieron (diez eran policías) y 150 quedaron limitados de por vida. Estar donde estaban los 200 kilos de dinamita fue su desgracia. Aquel 16 de febrero de 1991, la fantasía inventada por el caótico negocio de narcóticos en dolor se volvió.

Eso vivieron, después de tocar en La Macarena esa tarde, La Banda Musical Marco Fidel Suárez, fundada en Bello (1944) por don Juan, el papá de Danilo Jiménez, quien junto a Gabriela Jaramillo (su esposa) Bertulfo Alfonso Rincón, Absalón Álzate y Arturo Tobón, fueron levantados por la onda camuflada en un Mazda estacionado en el improvisado parqueadero. Danilo quedó herido, y cuando despertó, medio cerebro le faltaba, Gabriela regresó a casa parapléjica, Bertulfo, Absalón, y Arturo, allí cayeron. Inesperadamente la Banda Musical se quedó sin los cinco, quienes hasta ese instante le agradecían al “Patrón” haberlos contratado durante varios años para que, con porros, gaitas, y cumbias, convencieran votantes del “Civismo en marcha”, y “Medellín sin tugurios”, en su aspiración de ser congresista.  Y al ritmo de clarinetes, trompetas, trombones, flautas, tambores, platillos y tuba, el 20 de julio de 1982, en la Cámara de Representantes se sentó, pero (siempre los peros) el 26 de octubre de 1983 de ese asiento lo pararon así, chasqueando los dedos.

“De eso tan bueno no dan tanto”, dijo el tendero de la cuadra (cuarenta y tres años después) al ver comprar una fracción de lotería a quien (sin falta) le pide fiado la parva pa’l desayuno.  El hombre perdió sus brazos al ser quien cuidaba los carros estacionados debajo del puente de san Juan. “Lo que no se gana trabajando, menos jugando”, sentencia el tendero que votó por don Pablo, como le sigue diciendo, cuando éste donó la iluminación de la cancha en el 82. Lo hizo por gratitud, pues ningún alcalde “le paraba bolas” a la naciente barriada.

Julio 28 de 2025

 

pensamientos de 6 \"APRENDER\"

  1. Un período donde se destruyó el tejido moral de la ciudad y los descendientes de los lavadores de Pablo hoy siguen gobernando en la ciudad y se han apropiado de las instituciones del país.

  2. “ Una época bien difícil , que ni siquiera vale la pena recordar!!! Y lo más triste es que aún hoy muchos le rinden tributo a la ilegalidad del “Patrón “ que tanto daño hizo a nuestra sociedad, que todavía padece de ese cancer … Si era necesaria esta crónica mi buen profesor Barrientos?”.

    1. Claro que sí, Rubencho, porque la memoria no olvida que hubo victimas, y es necesario recordar lo que jamás se tiene que volver a repetir. Negando lo sucedido se revictimiza a esas victimas, así, que, quien conoce la historia no permitirá que la barbarie gobierne la vida. Te espero en la siguiente crónica.

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