Más de un siglo
Entre nosotros
El perfume más barato que había era El Pielroja. Ese olor a tabaco sin garbo dejaba su esencia en los usuarios de los hacinados buses urbanos. “Al fondo por la filita del medio”, decía el conductor a quienes, apeñuscados, y de pie, soportábamos la tortura de viajar a la hora pico, en la Medellín de 1981. Es que fumar era un aplauso colectivo sin edad social porque se fumaba en los dos canales de la televisión colombiana, (Teleantioquia, ni Telemedellín existían) en sus telenovelas, en sus programas de opinión, en sus concursos, en sus musicales, en los bares, en las peluquerías, en los aviones, dentro de los restaurantes, en las discotecas, los profesores en las aulas, el médico atendiendo su paciente, las abuelas sazonando el almuerzo, mientras escuchaban Clarín, (radioperiódico popular) sin importar que las yemas de los dedos de amarillo se tiñeran. Fumar era el deporte nacional. Los niños y adolescentes se escondían para probar la sensación de aspirar el primer “pucho” y el segundo y el tercero y los siguientes que al hospital llevaban, evitando, eso, sí, ser pillados porque “la pela” morados tatuaba. Esta marca de cigarrillos, cuya imagen es el rostro de perfil de un indígena coloreado de negro y rojo, con una cresta de once plumas, fue dibujada en 1923 por Ricardo Rendón (1894 – 1931) el caricaturista antioqueño que un día con un tiro congeló sus días; venia en cajetillas de papel con 18 cigarros de tabaco negro, midiendo cada uno 70 milímetros sin filtro alguno. Ese rostro es hoy símbolo de identidad para la muchachada actual del DIM, que, en la Norte del Atanasio volean la bandera con el indio impreso, mientras éste grita en silencio: “jugadores pongan huevo / que esta tarde tenemos que ganar”.
Coltabaco (fundada en 1919) lo producía, registrándolo como marca el 30 de octubre de 1923. Pero antes del Pielroja, el 114 (así se llamaba) era el cigarro del pueblo pueblo, los mismos que fumaba mi mamita María al ser el menos costoso. Este venía en una paca de ciento catorce unidades de pura baratura. Ella colocaba el paquete sobre la nevera para que el vapor de las ollas lo humedeciese, evitando que la resequedad los quebrase. La publicidad anticancerígena, y el monopolio del mercado acabaron con Coltabaco (hoy los compradores no son tantos) siendo absorbida en 2005 por la gringa que vende el Marlboro (la Philips Morris). En la actualidad se restringe el lugar de consumo en los espacios públicos, habilitando zonas para los alucinados aspirantes, que, así sepan que es dañino para los pulmones, los ojos, el aire, y la vida, siguen fumando, y quien se atreva a desafiar la abstinencia dentro del bus, del local comercial, del Metro, o hasta en la misma casa, será abucheado con un sonoro “¡fueeeeeera!”, expulsando la tolerancia que tuvieron esas generaciones que transpiraron la fragancia del perfume con olor a camisa acostumbrada a quien jamás usó desodorante.
Junio 3 de 2024
Te faltó mi acuarela. Je je je.
Iván
Iván. Gracias por permanecer.
A mi papá no le podía faltar el pielroja y a mi por botarle sus cuscas y probarlas detesto fumar.
Fernando. Gracias por estar, siempre.
Que bien Héctor por su detallada crónica. Buenos recuerdos acerca de los «pechis» de Quellos años que fisftutsbamos cuando los Robabamos de la casa.
Sacra. Como siempre, gracias por esperar la publicación de la siguiente crónica.
Cilindro perfecto para armar el Bareto. Papel de aluminio con el cuero. Producto doble propósito.
Gracias, Miguel por lee y comentar esta crónica.
Hoy se hace la misma prohibición y se vapea más . Qué pasará?
En Santafé de Antioquia hay un restaurante que lleva este nombre y con ese logo. El Pielroja.
Horacio. Te espero en la próxima.